Posteado por: peregrinodelasrias | octubre 9, 2007

Morriña

Hace unos días, le escribía a una amiga recién “mudada” por motivos de trabajo:

“Pues na, mucha suerte con la nueva etapa. La desconexión me temo que la habrás notado desde el primer momento en que no te han llamado para liarte con algún marroncillo ESFero. Es curioso, pero aunque veas a los compas casi con la misma frecuencia (cósmicas, quizás xuntanzas, listas generales y de la directiva…), el hecho de no compartir los marrones y las ilusiones del día a día, hace que la desconexión sea muy fuerte. Y paralelamente, con otras personas que ahora veas menos (pongamos la amigota de toda la vida), si os mantenéis en contacto compartiendo el mismo interés mutuo y compartiendo preocupaciones y esperanzas al mismo nivel que antes, no vas a notar ningún tipo de desconexión (más allá de la física).

Xuntanza 2004

Reflexiones de un medidodía solitario de domingo en Burgos :-) Coincide además con el primer domingo sin actividades fuera del piso (hasta ahora siempre estaba o de viaje o en Vigo). Y también, después de mes y medio, empiezo a notar algo parecido a una ligera morriña, aunque por ahora sólo consiste en que los recuerdos dulces y sonrientes un ahora más frecuentes y un poco más intensos. Debe de ser porque es el primer día que tengo algo de tiempo pa pararme a pensar, porque hasta ahora no paré ni una hora, todo por los líos que traen un piso nuevo, las compras a las que obliga, quedar pa ver la champions con los compañeros de curro, viajes de fin de semana con amigos de Madrid, findes en Vigo, mis primeros pinitos en ISFCyL, etcétera.

Yo sigo con mi adaptación, descubriendo cosas de Castilla y también cosas nuevas sobre mí mismo (por ahora casi todo bueno :-). Po rahora todo pinta bien: trabajo interesante, compañeros acogedores y muy alegres, una casa muy mona…”

 Y seguía contando lo que ya os cuento todos los días en el blog: que todo va bien o muy bien a orillas del Arlanzón :-)

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Responses

  1. A mi muchas veces me gusta estar una tarde sola en casa, especialmente si llueve. Me siento al lado de la ventana y mis recuerdos empiezan a renacer. Es normal que se aparezca esa melancolia, esa melosa melancolia. Segundo a segundo, valorar todas las experiencias vividas con mi gente alrededor y me doy cuenta de la gran suerte que he tenido en no despediciar ni un suspiro.
    Aunque se esté lejos, el corazón puede volver a latir calidamente acompañado.


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