Posteado por: peregrinodelasrias | agosto 2, 2008

La filosofía de los grandes negocios

Curioso cómo se mueven los negocios, por grandes que sean, con la filosofía de siempre:

http://www.elmundo.es/papel/2008/07/20/mercados/2456858.html

Evidentemente no conozco lo bastante los entresijos de los negocios multimillonarios españoles, pero si es como cuentan aquí, siguen la filosofía de siempre y de todas partes. Me refiero a la mentalidad con la que las personillas de todas clases se enfrentan a un “negocio” en el sentido más amplio de la palabra: comprar el pan al tendero de la esquina, invertir los ahorros de terceros en bolsa, lanzar a un país entero a una guerra, una entrevista de trabajo… Y así desde siempre, desde los primeros intercambios pseudo-comerciales en las cavernas. “ese tipo no es de fiar” “quiero tener más, mucho más” “todos dicen que el negocio ser irá a pique porque hay crisis, pero a mí no me afectará, porque lo digo yo” Etcétera

Me llama la atención que hasta en los niveles más exclusivos haya que frecuentar ciertos lugares para hacer contactos, en lugar de exponer logros propios y posibilidades de negocio; me sorprende la falta de un análisis riguroso del mercado, que sea capaz de prever crisis y prepararse para afrontarlas; me decepciona que un negocio se decida más por las relaciones personales que hay con “el otro” que por un contrato o un estudio objetivo de lo que se ofrece…

Supongo que en cuando los millones sobran, se negocia más por placer que por profesionalidad. No me importaría, si no fuera porque cuando se hacen malas inversiones se pierden puestos de trabajo, es decir, mucha gente acaba en la puta calle.

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Responses

  1. Pedro, ¿estarías dispuesto a entablar una relación comercial con alguien a quien no respetes y en quien no confíes? El buen hacer profesional influye en estas cosas, y mucho. Y, además, supongo que hay que saber estar en el lugar y en el momento adecuados, y mejor aún si es con apoyos sólidos.

    En el caso que comentas… pues qué quieres que te diga, no hay mejor ciego que el que no quiere ver y parece que, una vez más, el que siembra vientos…

  2. No digo que se basen los negocios sólo en números ojetivos, sino que las valoraciones subjetivas de la otra parte del negocio sean sólo una parte más de los factores a valorar. Por ejemplo, si yo tuviera que comprar una casa, se la compraría a alguien de confianza, o si es a alguien sospechoso, confirmaría por otros que se trata de un buen negocio (expertos en el mercado, un inspector técnico, anteriores propietarios…). En cambio, para vender una casa, se la vendería a cualquiera, con tal de que me confirmase el pago. Eso sí, como la casa es mía y su venta sólo me afecta a mí, se la vendería a quien me diese la gana, tal cual. Otra cosa es si tuviese que vender una empresa de la que dependiesen no sé cuántos sueldos.

    Me diréis que hablo de relaciones comerciales tan puntuales que casi ni son relaciones. Bueno, pues para una relación larga, el representante de la otra parte es sólo eso, un representante. Si no se puede trabajar con él, que me lo cambien. Si no hay posiilidad de cambiarlo (o no se puede pedir el cambio), habrá que negociar “a pesar de”, buscando cómo superar ese problema. Es como el insoportable que te entrevista para un trabajo: aunque te caiga como una patada en el culo y no te fíes de su información, ¿vas a trabajar con él? ¿puedes confirmar la información por otro lado? Aunque no te quede más remedio que trabajar con él, ¿se puede superar ese problema? Y aun cuando no sea posible superarlo, ¿compensa el resto de la oferta? El aceptar o o el puesto de trabajo debe depender de esas respuestas, no sólo del feeling con el entrevistador.

    ¿A que ya estamos más de acuerdo?

  3. Hombre de dios, me he perdido un poco con tu razonamiento. Lo que yo pienso es que a la hora de analizar la conveniencia de una relación comercial hay que tomar en consideración numerosos factores (objetivos, en su mayor parte).

    Concretamente el caballero sobre el que versa el artículo que comentas fue granjeándose enemistades a lo largo de toda su carrera y, además, pecó de demasiado ambicioso… y claro, cuando llegaron los momentos difíciles pasó lo que pasó.

    Y, por cierto, tú que trabajas para el Grupo Antolín S.A., sabes lo que significa esa abreviatura del final, ¿verdad? Sin Alma.

    Lo digo para que lo recuerdes cuando pienses en todos esos puestos de trabajo perdidos y demás.


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