Posteado por: peregrinodelasrias | mayo 15, 2010

Nevando en Burgos

Hace unos meses, a mediados de Diciembre, escribí unas notas emocionadas sore la nevada que cayó esos días. Os las pego, con fotos y todo, porque francamente estaba muy ilusionado esos días con la nieve, y se me nota en lo que escribo. Pero el problema es que ayer 13 de mayo volvió a nevar en Burgos, y hoy día 14 de mayo he tenido que rascar el coche porque estaba totalmente cubierto de escarcha… Además de la sensación de frío, también tengo una especie de claustrofobia provocada por el frío, porque impide pasear, disfrutar del sol, tomarse unas cañas en una terraza, obliga a correr hasta el coche, a mirar al suelo mientras se camina para que el viento no destroce la garganta… Ah, y también tengo una sensación a mayores, de resignación, porque me dicen mis colegas de Burgos que “esto es normal”, que puede nevar en cualquier momento de mayo y en alguna ocasión rara en junio (como en 1990 ó 91, que nevó en la noche del 28 al 29, dejando una capita de 2 ó 3 cm de nieve…).

Resumiendo, me encanta la nieve, ¡pero en los meses oficiales de invierno! Y por favor, ¡que llegue el verano ya, o amenazo con huir sin dejar rastro y aparecer en el Caribe!

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Pues sí, ha nevado en Burgos. No demasiado, según afirman mis amigos burgaleses, pero sí lo bastante como para que sea mi primera nevada oficial. Viví otras, pero nunca teniendo que conducir, trabajar, pasear, comprar… Todas esas tareas rutinarias cambian después de una nevada. Por ejemplo, para conducir se impone la segunda marcha, se destierra el pedal del freno, los conductores poco hábiles pasan de molestos a aterradores, se vigila la ventana de la oficina temiendo que con unas horas más de nieve no se podrá salir…

 
 

 

Pero también caminar es complicado: además del calzado adecuado, hay que saber si las baldosas de tal calle son especialmente deslizantes, si la nieve pisada de una forma u otra puede haberse convertido en hielo, los agujeros en el suelo desaparecen bajo el blanco uniforme, los barrizales de repente son mejores que las baldosas de la calle deslizante… Me ha gustado este cambio de vida. Hasta me hace ilusión que siga nevando para seguir aprendiendo a conducir sobre nieve y a lanzar bolas de nieve. Incluso me grabé mis propios pies pisando la nieve para recoger el sonido de la nieve al crujir bajo las botas :-)

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